jueves, 11 de junio de 2009

Natalia Ortalejo

“Pero la prueba de la importancia de la imaginación es la existencia de lactantes anoréxicos, que incluso pueden morir, encerrándose tan bien en el mundo de satisfacción alucinatoria en el que están, que la presencia real del pecho, aparece como una perturbación, y no quieren salir de ahí”.
Cornelius Castoriadis.

El giro que dio la reflexión sociológica a mediados de siglo XX, hace una diferenciación en cuanto a la recuperación del sentido constitutivo de los elementos simbólicos en la vida social, por lo tanto esta latente una adecuación metodológica pertinente para esta nueva agudización de lo social. Una muestra de este nuevo estadio es repensar la inserción de lo íntimo y como repercute en lo social.
Tomando como punto de partido la línea de pensamiento que desarrolla Castoriadis, en Sujeto y verdad en el mundo histórico social. Los puntos que en particular me interesan resaltar son, el orden del mundo y el orden del ser, como un orden lógico y social se ve enredado por una parte psíquica no dominada y con una resistencia perpetua, donde todo pasa, todo se agota, todo se rompe, y el tiempo que transcurre destruye. Esta dicotomía se ve materializada a través del imaginario social que se manifiesta por medio de las instituciones y de las significaciones individuales imaginarias existentes.
Con la aparición de lo imaginario nos distanciamos de la realidad, hablando en términos más prácticos que analíticos, nos insertaremos en esta lógica de sujetos que desarrollan a través de su imaginación representaciones sociales desplazadas de lo “real”, pero que a su vez, están sustentadas en un imaginario colectivo.
Considerando esta intersubjetividad, cómo pretendemos acercarnos a la realidad rica en significaciones, utilizando tipos ideales, es entonces donde nos tenemos que detener y reflexionar, que todo este enriquecimiento teórico, deja una invitación al rechazo de estas formulas estructuradas, para abrir camino a otras formas de aprehender la vida social, observando más detenidamente las implicaciones que la vida intima de los sujetos aporta a la vida colectiva.
¿Pero los sujetos seremos capaces de esta responsabilidad?
O por eso será tan caótica la vida cotidiana, puesto que en el momento en que la realidad atraviesa nuestro sistema cognitivo la desmantelamos y nos separamos un poco de la realidad, que a su vez esta siendo decodificada por los “otros”, ¿cómo hacer que este escenario que nos brinda la imaginación no nos convierta en sujetos paranoicos? ¿Cómo encontrar estabilidad donde todo aparece como posible?
Aquí se podría retomar una transformación de lo social, por medio de la transformación de la vida intima, que es en la esfera donde podemos tener más poder de transformación. Y posibilitar nuevas formas de ser y estar.

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