Lección introductoria al curso.
1.-
Antes de abordar el propósito didáctico del curso, quisiera referirme a las preocupaciones que le dieron origen y que habrán de servirme de guía a lo largo del tiempo que vamos a compartir en el aula. Nunca había tenido la oportunidad de impartir una clase para centrarme en intereses intelectuales totalmente personales.
Aunque he dado cursos optativos con temáticas escogidas por mí mismo, siempre me he sustentado, en mayor o menor grado, en el propósito de exponer lo que ofrece un autor, o un grupo de autores. Por alguna razón que bien valdría la pena explorar, muchos o casi todos los profesores estamos acostumbrados a repetir ante los alumnos las ideas de otros. No quiero decir que uno siempre y en todo momento debería ser original en lo que dice frente a los estudiantes. Eso, por supuesto, no es posible. Finalmente, como dice la vieja máxima, no hay nada nuevo bajo el sol, y el pensamiento siempre se construye con o contra realizaciones intelectuales previas. Sin embargo, creo que un profesor que aspire a respetarse a sí mismo debería intentar pensar por cuenta propia cuando menos de vez en cuando. Se trata de ir un poco más allá de lo que han dicho otros, tratar de criticarlos, buscar generar miradas distintas; se trata, en todo caso, de plantearse problemas cercanos a uno mismo. Deberíamos intentar expresar reflexiones ligadas a situaciones que nos vinculen, de alguna manera, con la particularidad de nuestras vidas, con nuestros intereses y con nuestra circunstancia. Creo que si es eso lo que se intenta se podrá dar un paso, pequeño, ciertamente, pero importante, hacia la originalidad.
Aparte de la dificultad intrínseca que entraña la búsqueda y el logro de la originalidad, muchas cosas atentan contra ella. En la universidad se nos suele enseñar a pensar la realidad a través de enfoques producidos por otros y para otras latitudes. Acaso debido a las pretensiones de absolutizar el conocimiento y asentarlo sobre bases sólidas, se intenta construir cánones establecidos, establecer criterios de demarcación entre aquello que posee la autoridad del conocimiento y aquello que no es digno de llevar la etiqueta de hallazgo científico. Esa ha sido una aspiración de la moderna sociología bajo la influencia del positivismo y el cientificismo. Se trata del consabido propósito metodológico de separar la metafísica del conocimiento. La meta, se nos ha dicho, es hacer a un lado, en la práctica del sociólogo, la ideología, las prenociones, las explicaciones prácticas que los seres humanos tienen acerca de sus vidas, las creencias que dan sustento a la vida social en el día a día.
(La tesis de Jacob; no tirar el niño con todo y el agua sucia. Es importante considerar que las reglas metodológicas tienen la función de señalar criterios para orientar el quehacer intelectual, de manera que distingamos la buena ciencia de la mala…)
¿Hacia dónde nos conduce todo eso? Yo creo que, entre otras cosas, nos conduce a la paradoja de erradicar nuestra propia capacidad de examinar la realidad por nosotros mismos. Nos condena a la necesidad de utilizar muletas mentales, de manera que terminamos convirtiéndonos en lisiados intelectuales. Y lo que es peor: en un caso extremo solemos tratar de vivir la vida intelectual de otros, o de pensar la sociedad y la historia, por ejemplo, desde la perspectiva de enfoques creados y pensados para otras realidades, para otras épocas históricas y también, por supuesto, para otras circunstancias existenciales. Es como si, debido al culto por los grandes autores, renunciáramos a ejercer nuestro propio sentido común. No quiero dar a entender que uno se puede volver original impartiendo un curso dedicado a preocupaciones que cree propias por el simple hecho de no corresponder a ningún plan de estudios predeterminado, o por estar organizado de acuerdo a preferencias que uno considera personales. Tampoco quiero dar a entender que por el simple hecho de dar un curso “institucionalizado” uno está privado de toda posibilidad de ser original en alguna medida. Por otro lado, la incapacidad para pensar por cuenta propia también puede presentarse cuando el profesor se inscribe en esquemas de pensamiento que explícitamente rechazan el positivismo. Esto significa que el asunto de la originalidad, la capacidad para pensar por cuenta propia, no está en función de la utilización de alguna metodología en particular. Sin embargo, las metodologías rígidas con que a veces se trabaja en los ambientes académicos pueden inhibir la creatividad intelectual en aras del rigor y la objetividad.
¿Qué es la originalidad? ¿Tiene tanto valor por sí misma como para que merezca la pena interesarse en ella? La originalidad es una cualidad que tiene que ver con la unicidad, el carácter distinto, particular e irrepetible, de una obra o de un acto, de un pensamiento o de un argumento. La originalidad responde a la capacidad para exteriorizar elementos de la personalidad que son particulares y que no se comparten con los demás: una reflexión, un grupo de notas musicales, una imagen, una acción plástica, una estructura arquitectónica, una forma, un modo de expresión… Todos estos elementos son, de alguna manera u otra, proyecciones de la subjetividad. Lo que pueda haber de originalidad en una obra o en una acción de cualquier índole responde al hecho de estar en relación con un quieny no con un que. En cambio, aquellos elementos en una obra o en una acción que no son susceptibles de ser considerados originales se correlacionan con un "que" y no con un "quien". Es decir, cuando uno inquiere por el origen de una obra o de un acto la pregunta se fórmula así: ¿quién la hizo?, y no así: ¿qué la hizo? (Arendt, La vida del espíritu). La originalidad, en lo que tiene de prístino, es contraria a la reproducción mecánica y a la repetición, se opone a la imitación y al conformismo con lo establecido. De ahí se sigue que los aspectos no originales de algo están en función de procesos ajenos a la individualidad creativa: causas, factores, procesos… En todo caso, las obras y los actos, en sus aspectos no originales, no son "hechos" en el sentido de haber sido realizados o creados por alguien, sino que son la consecuencia de procesos de fabricación, producción o provocación. Explicar tales obras y actos, implica responder a la pregunta ¿en qué consiste su proceso de producción?
La originalidad es cercana a la autenticidad y por momentos ambas pueden coincidir, aunque de ninguna manera deben ser consideradas como sinónimos. Se puede ser auténtico, es decir, coherente con los sentimientos o propósitos de uno mismo, sin pretender ser original; lo contrario es igualmente correcto: se puede ser original, en términos de desarrollar creaciones de valor único, sin pretender ser auténtico. Se trata de conceptos que responden a lógicas distintas. La autenticidad es una categoría fundamentalmente moral y suele denotar aspectos de índole psicológica; la originalidad, por su parte, es una categoría estética y teórica. Considero que la originalidad tiene valor en la medida en que procura una forma de realización de la plenitud humana. Expresar la propia individualidad tal vez sea uno de los goces humanos más altos que se puedan alcanzar. No es casual que lo contrario de la expresión de la propia individualidad sea una condición conceptualizada por el pensamiento crítico: la alienación. El marxismo ha definido a la alienación como el hecho de que el ser humano no se reconozca en los resultados de sus actos, la situación en la que los trabajadores se convierten en apéndices de máquinas o en componentes de procesos de fabricación de objetos en serie, la circunstancia en la que los productos de la actividad humana devalúan la capacidad creativa y la convierten en un simple factor de producción. Creo que la contraposición entre realización de la originalidad y la alienación explica el hecho de que filósofos como Theodor Adorno hayan considerado al arte como una vía de emancipación humana.
Pero el valor de la originalidad no reside únicamente en lo que procura desde el punto de vista de la realización de lo humano o de la consecución de placer estético. La originalidad puede ser también un componente del proceso del conocer, un elemento heurístico. El análisis, el examen, se vuelven originales si logran descubrir hechos novedosos, hallazgos que no existían, o si logran visualizar bajo puntos de vista distintos los mismos hechos generando con ello nuevas explicaciones de la realidad o haciendo posible la existencia de nuevos modos de dar significación a esta última. El filósofo Karl Popper, en una de sus obras clásicas, sostiene el punto de vista de que el conocimiento científico es un proceso sin sujeto. Según entiendo, esto quiere decir que para conocer de forma científica el investigador debe proceder de acuerdo con un método que, en el análisis de la realidad, erradique la participación de elementos subjetivos. Los enunciados científicos deben estar construidos de modo que se refieran a realidades susceptibles de ser reconocidas y explicadas no por una sola persona sino por una pluralidad de personas. La prueba de un intento de explicación de un fenómeno consiste en ponerlo a disposición de los demás para ser criticado y, en su caso, refutado. ¿Si esto es correcto, y creo que lo es, quiere decir que para hacer ciencia es necesario hacer a un lado la originalidad por lo que esta contiene de subjetiva? ¿Cuál es el papel de la originalidad en la ciencia? ¿Es distinta esta última a la originalidad en el arte?
La distinción entre lógica del descubrimiento y lógica de la justificación, también, por cierto, de raigambre popperiana, nos da una pista para intentar responder a la primera pregunta. En todo caso, diría Popper, el descubrimiento puede proceder de múltiples maneras: desde la intuición y la mera ocurrencia hasta el razonamiento ordenado; su lógica es no tener lógica alguna. En cambio, la lógica de la justificación va más allá: supone la racionalidad de los enunciados y su construcción bajo condiciones de refutabilidad, es decir, condiciones de contrastación en última instancia con el comportamiento de la realidad. Podría afirmarse, pues, que la originalidad se restringe al momento creativo y queda suprimida en el momento de la justificación: un enunciado científico subsiste en la medida en que deja de ser producto de un sujeto individual y puede ser reconocido como válido por los demás que se apropian de él. Sin embargo, cabe la pregunta: ¿eso es atentar contra la originalidad? La respuesta es que no, puesto que los enunciados, por más que deban estar construidos de manera que puedan ser examinados y refutados críticamente por una pluralidad de seres humanos, pueden seguir siendo originales en el sentido de que apuntan a hechos desconocidos o generan significaciones igualmente novedosas. De alguna manera, también en el arte ocurre que las realizaciones de los creadores deban ser “confirmadas” por un público en el sentido de ser reconocidas como portadoras de significados expresivos de valía. Esto no les quita su originalidad ni hace irrelevante la autoría que les dio su origen. Evidentemente, la lógica de acumulación de conocimientos que preside el desarrollo científico no ocurre en el arte. En éste, las obras no pueden ser refutadas en el sentido en el que sí lo pueden ser los trabajos científicos: las obras de arte conservan su valor aún a pesar de que surjan otras distintas. En cambio, la lógica del desarrollo de la ciencia implica que los hallazgos estén necesariamente destinados a su refutación por nuevos hallazgos en un espiral que no termina nunca.
¿Quiere decir entonces que en la medida en que los conocimientos novedosos, generados alguna vez por individuos creativos, son validados por los demás, están condenados a perder su originalidad? Esta pregunta prefiero dejarla abierta por ahora. Acaso pueda discutirse en la clase. Como otro elemento para la clase, debo decir que encuentro una cierta afinidad entre el planteamiento expresado arriba, de la diferencia entre lógica del descubrimiento y lógica de la justificación, con la distinción weberiana entre relación de valor y momento explicativo. ¿Ofrece la relación de valor elementos de originalidad? ¿Se pierde ésta en el momento de la contrastación con la cadena de hechos explicativos? ¿Dónde queda el rol que juega la imaginación sociohistórica en todo esto?
2.-
El punto de partida del presente curso está definido por el propósito de construir una idea de la sociología. Más precisamente, una idea de su sentido, su visión y su método. ¿Tiene la sociología un sentido hoy en día? ¿Cuál es, propiamente, su visión, su perspectiva? ¿En qué consiste la mirada sociológica? Más todavía, ¿podríamos hablar de un método para la sociología cuando lo que hoy prevalece es la tendencia a la especialización constante y a la fragmentación de puntos de vista? Debe añadirse que hay otro punto de partida: la necesidad de alimentar al quehacer de la sociología con perspectivas generadas desde otras disciplinas o áreas del quehacer intelectual. Un estudiante cuyo bagaje previo le permita pensar sin supuestos tal vez se sorprenda con la sola posibilidad de formular estas preguntas. Paso a tratar de explicarme: sería pertinente, por ejemplo, preguntarse por el sentido y la visión de la física. Seguramente sí, ¿pero se trata realmente de preguntas similares? ¿Cuándo hablamos de del sentido de la física nos referimos a algo parecido que al sentido de la sociología? Tal vez esa pregunta, para el caso de la física, se responda diciendo que hoy en día la física estudia esto y aquello, y que los problemas que le atañen son este y este otro. Y tal vez alguien pueda afirmar que eso mismo ocurre en el campo de la sociología, y lo que hoy estudia la sociología es distinto a lo que estudiaba ayer, y que los métodos empleados difieren de tal y cual manera con respecto a los empleados en el pasado. Y que entonces el sentido y la visión de la sociología cambian constantemente; en todo caso, están en función del descubrimiento constante de nuevos hallazgos que expandan la capacidad para explicarnos y explicarle al público la vida social. Quien piense esto último de alguna manera, creo yo, asume que la ciencia social trabaja de acuerdo con una lógica de acumulación de conocimientos. Si esto es así, se diría, por qué tiene que existir un curso en el que un profesor nos hable de la visión, el sentido y el método de la sociología.
Acaso la trayectoria del curso no sea más que el propio camino seguido por el profesor en su zigzagueante y no siempre afortunado intento de dotarse a sí mismo de una comprensión del mundo. ¿Será, después de todo, sociología? Esta es, por supuesto, una pregunta que no se puede responder a priori, sino después de terminado el curso. Es evidente que una tentativa intelectual como la que aquí se presenta no está exenta de supuestos sino todo lo contrario. El supuesto básico, precisamente, es la consideración de que la práctica de la sociología está abierta a la proyección de la propia creatividad de quien la cultiva. En ciencias sociales no hay cánones establecidos ni criterios rígidos, paradigmas consolidados que determinen los caminos a seguir: el campo de realidad a indagar, los problemas a resolver, las herramientas a utilizar… En gran medida, la sociología es una disciplina en la que prevalece una gran indeterminación. Yo la concibo como un campo abierto al ejercicio de la creatividad. No tiene un paradigma único. Es probable que esto se deba al hecho de que los problemas que indaga son, en buena medida, de corte filosófico. Con Isaiah Berlin podemos decir que la sociología trata de responder a preguntas sobre estados del mundo real pero también a preguntas para las que no existe un método de investigación definido. Como él diría: las ciencias sociales están a medio camino entre las ciencias factuales y formales, por una parte, y la filosofía, por la otra. Pero la indeterminación no se debe solamente al carácter filosófico de muchos de los problemas que estudia la sociología; también se debe al hecho de que no cuenta con una estructura conceptual única y compartida por una gran comunidad científica. No hay consenso en cuanto a la naturaleza del objeto de investigación. Algunos de ustedes pensará: el objeto de estudio es la sociedad, o las relaciones sociales, y si esto es así no parece haber razón por la cual no exista consenso conceptual en la sociología. Resulta que casi todos los sociólogos importantes ofrecen definiciones distintas acerca del objeto de su disciplina, además de que ofrecen definiciones distintas de la sociología. ¿Cómo salir de este atolladero? Es imposible hacerlo de forma absoluta. Me parece que la sociología es una disciplina destinada a permanecer en un estado de crisis. Pero esa no es una circunstancia necesariamente lamentable. Sería lamentable si trabajamos bajo el modelo de cientificidad de las ciencias naturales o formales. En todo caso, es una circunstancia no elegida por nadie. Así es y hay que enfrentar la situación. Lo que existe es una multiplicidad de caminos abiertos para el estudioso de lo social. Desde la escala de análisis (lo micro, lo marco, lo meso, el presente, el pasado) hasta el énfasis en los aspectos de la vida social a estudiar (el conflicto, la estabilidad, el cambio, la evolución, la revolución, la reproducción, la permanencia, el conformismo social, la anomia, etc.). ¿Debemos privilegiar el estudio de unas instituciones en lugar de otras? El problema comienza en que no tenemos una idea precisa de la vida social como tal.
La sociología nació como una disciplina obsesionada con la idea de alcanzar el estatus de ciencia, a la manera de las ciencias naturales o formales. Nació también con la misión de constituirse en un recurso crucial y eficaz para resolver los grandes problemas generados por el moderno orden social capitalista. Sin embargo, esos objetivos, a lo largo del tiempo, serían difíciles de alcanzarse, por no decir prácticamente imposibles. En vez de constituirse como una disciplina dotada de un conjunto de presupuestos conceptuales, epistemológicos y metodológicos claros y compartidos por una comunidad de cultivadores, la sociología se convirtió, más bien, en un campo de confrontación entre posiciones diversas muchas veces contradictorias entre sí. Asumir las consecuencias que de ello se derivan es crucial para dotarse de una forma de practicar la disciplina sociológica. Para decirlo de otro modo: tarde o temprano, el estudioso de la sociología, o el investigador de lo social con pretensiones sociológicas, está obligado a asumir una posición “metodológica” pero también existencial, o, mejor dicho, está condenado a desarrollar una manera de ejercer su actividad con determinada coherencia, consistencia y oficio. Es un asunto que, bien pensado, toca las fibras intelectuales y morales más íntimas de la existencia del sociólogo. Sólo es posible escapar de ese predicamento, y, por lo tanto, no encararlo de frente, si uno se decide a aceptar de manera acrítica los cartabones del formalismo del método o si se internalizan los dogmas de alguna de las iglesias sociológicas en boga, o algunos de los credos “científico-sociales” de moda.
¿Y si no se asume la fe en los dogmas de los credos, qué queda? No queda sino correr riesgos e intentar pensar por cuenta propia, hacerse de un oficio intelectual, camino que, por cierto, es el único que, en opinión del profesor, puede conducir a alguna parte. Desde ahora, vale la pena poner en claro que la búsqueda de "la Verdad" la Verdad, con mayúsculas, es algo que aquí, en este curso, se pretende poner entre paréntesis o, para decirlo de otro modo, se pretende dejarlo para mejor ocasión. Con esto no se quiere decir que todo valga o que la sociología --¿debe decirse, la mirada sociológica?—debe abandonar la búsqueda de criterios para distinguir los enunciados válidos de los que no lo son. No se asume aquí que la sociología deba abandonar toda pretensión de racionalidad o de rigor. La búsqueda de la originalidad no está reñida con la racionalidad…
miércoles, 25 de febrero de 2009
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Respecto a la originalidad.
ResponderEliminarLa aportación del compañero, de que no hay nada nuevo bajo el sol y que al ver una mesa veía no la originalidad en la creación de la mesa, sino los componentes de la misma simplemente unidos (el ejemplo era no exactamente ese, pero algo así, si mal no recuerdo), me dejó pensando y he aquí una reflexión al respecto.
Si sólo vemos la materia prima con la que las cosas están hechas –madera, para ejemplificar mi punto- y de ahí partimos de que no hay nada nuevo, tendríamos entonces que ser aún más reduccionistas, por decirlo así. La madera a su vez está compuesta de varios elementos. Así que desde este punto de vista (que se niega a comprender que la mirada -¿original?- de cada cual puede percibir el conjunto como un objeto total y no sólo sus partes) debería pues, seguir desmembrando el objeto; no sólo hablamos de un conjunto de elementos, sino de partículas, y no sólo de partículas, sino de átomos. Y si lo vemos así, efectivamente, no hay nada nuevo, nuestro mundo es un inmenso conjunto de átomos. Y no sólo nuestro mundo, sino el universo mismo. Somos todos uno. Nada es original, pues, porque la materia prima es la misma: ¿qué más se puede crear si ya está el conjunto de átomos dado? Así de reduccionista y simple me suena la idea.
No podemos pensar que no hay nada nuevo, que no hay cabida a la originalidad si partimos desde esta premisa. Si advertimos, por ejemplo, que un auto es más que materia prima (un montón de átomos) y damos crédito al proceso creativo que culminó en la elaboración de algo nunca antes visto –antes de su creación, meramente humana- , podemos concluir pues, que si hay espacio para la creatividad original, aunque sea trabajando con la misma y vieja materia prima. Queda claro que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma –totalmente de acuerdo- pero es en éste proceso de transformación que la creatividad humana interviene y origina nuevas cosas. La materia prima del “i-pod”, después de varios procesos de elaboración, es la misma en el sentido de que no está hecha de nada nuevo en el mundo (“atómicamente” hablando , pero es innegable que es un objeto original, nunca visto antes en la historia del hombre, sino hasta nuestros días.
Y claro, es que con ejemplos de ciencias exactas, de producción de objetos físicos tangibles, de tecnología y ciencia, puede acaso quedar más claro que un objeto es la misma materia prima de siempre PERO transformada por la creatividad de hombre, quien da origen a nuevas cosas. Pero, ¿qué pasa en el campo de las ideas? Ya que después de todo, es el que a nosotros interesa. ¿No hay ideas nuevas? ¿Ya todo está dicho? No lo creo. También el hombre es creativo y original en este campo. Pregúntenle a Gasset sobre su hombre masa. Cuando ni siquiera había conglomerados de esos que se ven ahora, este concepto no existía en el campo de las ideas del hombre. Sin embargo, hubo necesidad de acuñar un nuevo concepto que permitiera explicar esta situación una vez que se convirtió en “problema” y nació de la creación humana un nuevo concepto. Dialoguemos con Sloterdijk sobre su “atmoterrorismo”. Cuando no había amenaza sobre nuestro respirar, cuando no había creado (así es, creado) el hombre gases tóxicos que pudieran matar a otros hombres y la atmósfera estaba libre incluso de ser cuestionada sobre si era respirable o no (era algo natural) el concepto de atmoterrorismo no existía. Si buscamos en libros anteriores s nuestra época, no aparecerá el término –la idea, el concepto- por ninguna parte.
Ahora yo entiendo y comparto la preocupación de que si uno debe, como investigador social, preocuparse por ser “original” o no, cuando en realidad la preocupación debería de ser el ser auténtico en la búsqueda de posibles soluciones a los problemas actuales sociales, independientemente del prestigio que la originalidad del “producto” encontrado pueda acarrear, mas esto es ya “harina de otro costal”. Las intenciones del investigador serán tan variadas como investigadores haya y no es tarea nuestra preocuparnos por el prestigio que algunos buscan adquirir conscientemente, siempre y cuando hagan bien su trabajo y nos ofrezcan nuevas herramientas para interpretar esta siempre cambiante e innovadora realidad. En éste sentido, que el investigador busque ser original por prestigio, es asunto que tal vez la psicología debería tratar (saber porque este sujeto necesita de tal reconocimiento) o asunto de opiniones, pero no nuestro parámetro para decir que uno no debe de buscar ser original. Claro que debemos serlo. Es nuestro deber. Si no vamos a encontrar nuevas formas de ordenar nuestras contrariedades cotidianas (o por lo menos, que intenten hacerlo), ¿para qué queremos investigadores? Si no queremos aportar nada nuevo (entiéndase que incluso puede tratarse de la conciliación de algún tema clásico con el pensamiento de nuestros días, nunca antes hecha), ¿Para qué la investigación? Es deber nuestro ser originales, pero no cómo búsqueda de originalidad sino como “producto” de trabajo; hacer el esfuerzo por encontrar nuevas vías, muy probablemente nos conducirá a conclusiones originales. (Sin olvidar que estamos a su vez, creando nuevas “muletas” para futuras investigaciones. Lo nuevo de hoy da pie para más creaciones nuevas mañana).
Quedaría incluso pendiente el tema de la originalidad en la metodología. Hay metodología de investigación chapucera, que no se trata más que de una especie de “copy/paste” de las ideas de los otros como si hacer sociología –por mencionar el campo que me atañe- fuera armar piezas de rompecabezas ajenas a mí y mi pensar. Se puede lograr y hasta con éxito. Si tiene cierta coherencia y se cita a varios autores, hasta se puede considerar como buena, pero sería una sociología “no original”, mera chapuza y juego de palabras. Es necesario el aporte de nuevas ideas para poder tener la conciencia tranquila como investigador.
En fin, y mientras escribo esto un poco rápido y “a la ligera” (abierta a profundización y cuestionamiento, por supuesto), tratándose sólo de meras reflexiones mías que comparto con ustedes, un último pensamiento viene a mi cabeza: Si no existiera la originalidad, si todo fuera lo mismo –incluso las ideas- el contraste de pensamientos que encontramos en la cátedra sería una contradicción; Si todo fuéramos iguales, si no hubiera originalidad, este escrito sería innecesario.
Hablemos de inventiva
ResponderEliminar«Oponer al ahora y aquí de la vida, el ahora y aquí de la muerte»
José Revueltas.
Preludio
Desde el inicio de la discusión, afirmé que la definición de originalidad era la cualidad de ser original, esto es, de ser el origen de algo. También dije, que esto me parecía metafísica, para luego tomar postura y sumarme a la proposición, “no hay nada nuevo bajo el sol”.
Antes de continuar en la defensa de mi argumento, tomo dos posturas filosóficas que representan mi punto de partida en esta disertación: Creo en la primacía de la materia respecto a la idea, adiós al cogito ergo sum cartesiano; además considero que la única metafísica posible es la de la realidad, que existe para sí, y de la cual somos parte.
Implicaciones
Si la realidad existe para sí, y es primera respecto a la idea, entonces la idea no puede abarcar la realidad en su totalidad puesto que es parte. Nuestro conocimiento siempre estará incompleto y nunca será original. Cada pensamiento es resultado de las condiciones materiales (léase materia como realidad, las ideas son parte de la realidad, luego entonces también son materia) en las que experimentamos el mundo. Entender una idea como original, es hacer un corte y cerrar los ojos a lo precedente: si algo es el origen (del latín origo: principio, fuente, causa), entonces no existe nada antes de él.
Aquí el punto central, dado que nada es original, entonces todo estaba dado desde al principio, nuestra existencia, reflexiones, fracasos, etc. (enumerar es alabar...), siempre han existido, y la vida se convierte en una comedia griega, dónde los participantes se pasan la vida luchando contra un destino inevitable.
Y entonces ¿para qué seguir leyendo?, ¿para qué responderme?, ¿para qué todo?, preguntas ociosas; nuestra incapacidad de saber el destino, o de negarlo con tanta fuerza como para que no nos alcance, nos permite enfrentar la vida como nueva al abrir los párpados cada mañana.
Las ciencias sociales, mejor, las ciencias humanas, no están para dar certezas, ni soluciones, ni orígenes, sino para inventar (del latín in- venir: encontrar, descubrir, obtener) esperanzas, de esa realidad ya dada, inaprensible en su totalidad. Pero estás esperanzas no son de carácter teológico, no son religión, en tanto aceptamos que deben ser discutidas, sin tratar de encontrar un origen, o un fin, sino más bien porque vivimos en tanto seguimos discutiendo.
¿Qué es la originalidad en la ciencia?
ResponderEliminarLa originalidad en la ciencia tiene dos papeles que jugar, ambas relacionadas con describir una cualidad. La primera consiste en una actitud del investigador o el científico frente a los problemas que intenta explicar o dar solución. Esto es; el investigador toma una postura no totalmente dependiente de criterios o teorías científicas que vuelve “dogmas” para estudiar la realidad, sino que se torna inclusivo frente a sus hallazgos e ideas y no intenta embonarlos ortodoxamente en criterios heredados. Así, el hombre de ciencia no discrimina su subjetividad y da muestra de ella en sus resultados. Aquí la “subjetividad” puede ser imaginación o pericia del investigador: el uso que él da a sus conocimientos e información.
El segundo se trata de calificar a un producto científico como novedoso. En esta versión no es tan importante si el investigador desea exhibir su subjetividad, su método o su autenticidad, sino que el producto que expone es distinto a los demás. Me parece claro que cualquier investigación refleja las preocupaciones del investigador, pero esto no convierte a la investigación en distinta y nueva. La originalidad entonces viene a ser la cualidad de una conclusión que es calificada en sus propios términos; no se califican sólo a procesos o autores, sino a ellos junto son sus obras.
Si bien la originalidad apunta hacia un método totalmente distinto, este tiene el riesgo de volverse el ethos de la investigación, y así de nuevo en ortodoxia que inhibe resultados novedosos. Adorno hace frente a este problema en su célebre debate con Popper, en el cual comenta que “Los métodos no dependen del ideal metodológico, sino de la cosa”.
Esto, sin embargo, necesita un par de aclaraciones. La “originalidad” puede ser tan sólo la actitud asumida por el investigador, no teniendo que ver ésta con su capacidad de dar respuestas novedosas. Además, la originalidad tiene una raíz etimológica que nos es útil para saber a que se refiere la palabra, y talvez su uso; si atendemos a este significado, podemos dar cuenta de lo complicado que es dar origen o ser causa inicial de cualquier cosa (desde el arte hasta la ciencia), dado que lo que hacemos no brota ex nihilo: lo original, por si mismo, es un grado cero prácticamente imposible, del que posiblemente sólo el arte nos pueda dar cuenta de ello, ya que en éste la invención original usualmente va acompañada de una “ignorancia primitiva”, como anota Rosalind Krauss. Esto es aun más comprensible si se tiene en cuenta que en el arte se debe dar primacía a enseñar las técnicas y la utilización de materiales, mientras que en la enseñanza de las ciencias sociales se debe mostrar en la situación histórica y teórica de estudiante, o lo que es lo mismo: su contexto. (Dejaré para otra ocasión el análisis de la originalidad en el arte, asunto y tema distintamente complicados así como interesantes.)
Siguiendo estos razonamientos, me inclino a decir que se esta errando el término –originalidad– en pos de un concepto que es de suma importancia: el de la novedad; el apelo a la imaginación y a la originalidad debe dar como resultado algo novedoso. Esta aclaración se torna incluso necesaria para no caer en la afirmación de Wittgenstein de que los problemas filosóficos surgen de nuestra mala comprensión del lenguaje. La novedad, como lo hace Bunge con lo emergente (que define como novedad cualitativa), comporta rasgos distintos a sus constituyentes y precursores, de los cuales los primeros no se pueden derivar de los últimos, son cualidades impredecibles a partir de niveles anteriores. Así, la novedad cualitativa consiste en que los elementos originales sean precursores de propiedades nuevas no contenidas en los elementos originales. Así, el carácter de novedoso comportaría la distinción y como descubrimiento.
En este punto también es importante preguntarse qué es un descubrimiento. Este se refiere a develar algo, algo que anteriormente no se había visto, pero no significa que no estuviese ahí antes, sino que ahora la mirada se dirigió a él y ha cobra importancia o se ha vuelto relevante y por eso se atiende. Desde esta posición, “no hay nada nuevo bajo el sol”, como se ha estado manejando en esta discusión, pero que cabría matizarlo un poco. Si bien materialmente no hay nada nuevo bajo el sol, dado que contamos con las mismas cosas u estado de cosas la perspectiva es distinta, y aquí es donde se da la novedad; y en verdad esta es la novedad que importa, ya que si cambia el estado de las cosas, sería oprobioso y patético que nuestra perspectiva no se modificara en función de este cambio.
Lo último que me queda decir es que me sumo al apelo por la originalidad, entendida ésta como búsqueda de la novedad, apelo que este momento de la sociedad y de la ciencia resulta inaplazable.
Estimadas y estimados: bueno, primero, la corrección política. Con aquello de la importancia que ahora se le da a la cuestión de genero, la cual, tal vez, no es más que la importancia de reconocer el derecho a la diferencia. Me gustaron mucho los comentarios. El de Alberto pues confirma lo que ya había dicho: para él no hay nada nuevo bajo el sol. En cambio los de Paulina y Carlos, creo, coinciden en un punto: la invención, la irrupción de lo nuevo, lo emergente. La alusión al reduccionismo que hace Paulina me parece un magnífico punto. Si todo es lo mismo y nada hay nuevo entonces todo se reduce a los mismos elementos. Los párrafos de Paulina me recordaron las tesis de la gestalt o del pensamiento holístico. Finalmente, acaso, la novedad reside en la organización crecientemente compleja de los mismos elementos. Claro que los elementos, reducidos a su última expresión, siempre son los mismos. Pero resulta que ora se organizan de un modo, ora se organizan de otro modo. Entonces allí reside la originalidad. Captar la novedad, entonces, implica un acto creativo: la comprensión de lo emergente, lo distinto. Ver las cosas desde otra perspectiva es sinónimo de organizarlas de manera diferente. La imaginación sociológica hace precisamente eso. Capta correlaciones entre las cosas no sospechadas; establece nuevas constelaciones de hechos; configura, pues, realidades distintas. Ahora bien, en el caso de la sociología resulta que su objeto de trabajo es histórico. El cambio constante es su condición. De ahí, entonces, como de alguna manera lo apuntabamos en la clase pasada, que siempre estén apareciendo nuevas combinaciones de cosas; son las propiedades emergentes, para decirlo con elegancia. La imaginación sociológica es imaginación histórica o no es. El historicismo puso mucho énfasis en eso. Cada época es única. Weber mismo insistió en el carácter irrepetible de los sucesos históricos. Por eso su insistencia en la idea de que los hechos son individuos históricos. Durkheim, en cambio, por lo menos en algunos textos, insistía en las dimensiones naturales, repetibles, de los fenómenos sociales. ¿Quién tenía razón? Perry Anderson ha escrito que la sociología se define alrededor de la necesidad de captar las interaciones entre naturaleza e historia, entre acción y estructura, y entre objeto y sujeto. En la sociedad hay patrones, hay estándares de comportamiento. ¿Quién podría negarlo? Hay, pues, hechos que se acercan al talante de los fenómenos naturales. Son los llamados hechos de estructura, tal vez, o, para decirlo de otro modo, hechos con carácter de objeto. Por otro lado, ¿quién podría ponerlo en duda? hay hechos que son subjetivos, mentales, únicos, particulares; tienen que ver con la acción, con la voluntad, con la intención, con la motivación. Son aspectos que apuntan a la indeterminación. En cambio, los hechos de estructura, las pautas de organización, apuntan a la determinación. ¿Es lo social algo determinado o indeterminado? No podemos negar que la voluntad existe y que los seres humanos tienen libre albedrío. Pero, ¿son elementos absolutos? ¿No es cierto que la voluntad surge de la necesidad? ¿Es un disparate plantear que para que exista la subjetividad es necesaria la objetividad? Si todo lo que digo es correcto, entonces quiere decir que la sociología es una disciplina híbrida. El buen sociólogo debe captar, como dice Anderson, los movimientos de interrelación y conexión entre lo determinado e indeterminado.
ResponderEliminarAcerca de "De la historia a la acción" de Hannah Arendt
ResponderEliminarDurante la sesión de hoy donde se hablo acerca de la "Comprensión Política". Se tocaron puntos importantes, sin embargo, creo que debemos hacer más énfasis en el análisis de la Comprensión y la reconciliación con el mundo.
La Comprensión para Arendt, es una aceptación de la realidad, la cual no tiene fin, no hay espacio para el adoctrinamiento ni para la autocomprensión (el conocer sin comprender)
La Comprensión esta basada en el conocimiento, escribe Arent y agrega, la comprensión es acción.
La autora asegura también, que la comprensión nos traerá como resultado el sentido, "el sentido que nosotros asignamos en el proceso de la vida". La comprensión nos hará reconciliarnos con el mundo.
Durante la clase, se analizo, el por qué Arendt sentía necesidad de reconciliarse con el mundo, se le tacho de conservadora y de entretejer conceptos "rositas". Sin embargo, creo que debimos profundizar más en el significado de reconciliación, no terminar la idea en que es un concepto rosa de la pobre autora traumatizada por los horrores que vivió. Por ello pregunto (ojala alguien me pueda contestar, ya que veo mi perspectiva de la lectura es limitada)
¿Cuál es el sentido de la reconciliación?
¿Qué es reconciliarse con el mundo?, ¿Es perdonar y pensar que será mejor?, o, ¿Es entender los hechos, ligarlos y volver (a tener esperanza) para actuar, teniendo ese conocimiento como base de un actuar futuro?
¿Qué sentido tiene para Arendt la reconciliación con el mundo?
¿Qué importancia tiene, comprender los hechos, conocerlos y así poder darle sentido a la vida que nos toco vivir?
O tal vez en lugar de buscar comprender, saber y formarnos una idea alentadora, del porqué de todo, debemos renunciar a comprender, renunciar a conocer a formar juicios, dejar de buscarle sentido a nuestra vida y sólo Vivirla, como carpinteros, como politólogos.
Como ven, tengo más preguntas, que respuestas, que comentarios. La propuesta de Arendt , es para mi, útil para la adaptación a este mundo. A lo mejor yo soy “rosita” también y creo que aun se pueden hacer cambios, que el conocer al menos nuestra historia propia, nos ayudará a comprender lo que nos sucede y nos deja de suceder, para ser felices con lo que tenemos por que lo hemos merecido. Sin embargo, sólo son ideas que dejo ir, ojala alguien pueda contestar mis preguntas.
Me gustaría que también se retomara una de las preguntas hechas por Paulina ¿Cómo se pueden comprender los hechos si nos perdemos en ellos?
De Paulina Larrazabal
ResponderEliminarVolviendo a leer los comentarios sobre la lectura de Arendt, tanto los de la clase como los que luego escribieron, las inquietudes de Paulina, de Ana y de Pimienta me llamaron la atención. Creo que la autora, no está defendiendo la tradición, no necesariamente, sino que ve en la desaparición o agotamiento de esta, una ruptura obligada de la explicación que pueda dar el sentido común a los fenómenos que fueron emergentes como el totalitarismo. Está ruptura obligada, hace necesario separarse de las ideas que la tradición nos ha heredado para pensar en ese nuevo fenómeno, será necesario en el sentido de Rorty, nombrarla de otra forma.
Cuando se llega a un punto de suspensión del sentido común, se introduce la perplejidad y la duda sobre lo que ahora se presenta, en estás condiciones sería difícil de acuerdo a las condiciones que hay (de la novedad) sólo vivir, puedo interpretar esto como que solo vivirla es no problematizarla, pero no problematizarla sería seguir en un continúo. La dificultad está en que estos fenómenos, los nuevos lenguajes, y modos de vida, son avances que la sociedad hace sobre sus propios límites, y cambia la misma sociedad, en estos cambios, tal vez se pierda el sentido que objeta Arendt.
La reconciliación con el mundo, más que ver una esperanza para sanar y sobrellevar los traumas, puede ir por el lado de ubicar nuestro pensamiento en nuestro pasado y nuestras posibilidades para el futuro, como parte de la historia de los hombres, nuestras experiencias si bien privadas, se mueven en un lenguaje compartido.
También tengo algunas dudas respecto al texto de Arendt, como la línea que le llevo a manifestar que la comprensión lleva implícitamente una posterior acción, mi pregunta sería ¿Cómo puede ser la comprensión acción?
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